3. Dolor abdominal persistente o molestias en el vientre
Un dolor de estómago ocasional es algo normal: todos lo hemos tenido después de comer demasiado rápido, ingerir comida muy grasosa o cuando nos cae mal algún alimento. Pero si las molestias abdominales son frecuentes, si notas hinchazón, calambres o un dolor que no desaparece, es importante prestar atención. El cáncer de colon puede provocar obstrucciones parciales en el intestino, generando malestar constante. No se trata de cualquier dolor, sino de uno que persiste y no mejora con medidas simples.
4. Pérdida de peso inexplicable
Perder algunos kilos cuando hacemos dieta o aumentamos la actividad física es lógico, pero si tu peso baja sin que hayas cambiado tus hábitos alimenticios ni tu rutina de ejercicio, debes considerarlo una alerta. El cáncer, incluido el de colon, puede provocar una pérdida de peso repentina porque el cuerpo gasta más energía intentando defenderse de la enfermedad. Además, el tumor puede interferir en la forma en que el organismo absorbe los nutrientes, debilitándote aún más.
5. Fatiga constante y falta de energía
Todos conocemos lo que es sentirnos cansados después de una jornada larga, pero la fatiga relacionada con el cáncer es distinta. Es un cansancio profundo que no mejora aunque descanses bien por la noche. En el caso del cáncer de colon, esta fatiga se debe en gran parte a la pérdida de sangre crónica que puede acompañar la enfermedad. Esa pérdida puede causar anemia, lo que reduce los niveles de oxígeno en el cuerpo y genera una sensación continua de debilidad.

6. Anemia o deficiencia de hierro sin explicación
Ligado al punto anterior, cuando el cáncer de colon provoca sangrado interno, aunque sea en pequeñas cantidades, poco a poco disminuye el hierro en el organismo. Esto se refleja en análisis de sangre que muestran anemia o una deficiencia de hierro inexplicable. Si tu médico detecta este problema y no hay una causa evidente, lo más recomendable es profundizar en estudios que descarten problemas en el colon.
