Después de varias semanas, la familia regresó tristemente a la Ciudad de México, llevando consigo un dolor punzante.
A partir de entonces, doña Elena inició una búsqueda sin fin: imprimió folletos con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe para orar, acompañado de la foto de su hija, buscó ayuda en organizaciones benéficas como Las Madres Buscadoras y viajó a estados vecinos, siguiendo los rumores. Pero todo fue una ilusión.
Familia
Su marido, el señor Javier, enfermó por el shock y murió tres años después. Los vecinos de su barrio, Roma Norte, dijeron que la señora Elena tenía muchas fuerzas para seguir sola, llevar su pequeña panadería y vivir con la esperanza de encontrar a su hija. Para ella, Sofía nunca había muerto.