También existe un truco muy simpático para quienes tienen niños pequeños en casa. Cuando los más pequeños pasan por la etapa en la que comienzan a soltarse los dientes de leche, a veces sufren un poco de dolor o inflamación en las encías. Una cucharada fría puede ser un calmante temporal y efectivo. Basta con que la presionen suavemente sobre la zona molesta para aliviar esa incomodidad momentánea. Por supuesto, siempre con supervisión.

Por otro lado, el frío también puede ayudar con los labios partidos o resecos. Cuando la piel se irrita por el clima o por morderse los labios sin darse cuenta, una cucharada helada aplicada con suavidad puede reducir la inflamación y preparar la zona antes de aplicar un bálsamo hidratante. Es casi como preparar el terreno para que el tratamiento funcione mejor.
Incluso en el mundo del maquillaje tiene su protagonismo. Algunas personas la usan como una especie de molde improvisado para rizar las pestañas. La parte curva de la cuchara, bien fría, ayuda a que las pestañas adquieran un poco más de forma antes de aplicar la máscara. No reemplaza un rizador profesional, pero sí puede salvarte en momentos de apuro o cuando no tienes otras herramientas a mano.