
Con el paso de los días, la verruga puede comenzar a cambiar de color, oscurecerse y secarse. En algunos casos, termina cayéndose sola sin necesidad de cortarla ni arrancarla. Ese es precisamente el punto clave: no se debe intentar desprenderla a la fuerza, ya que eso puede causar sangrado, dolor o infección.
Algunas personas combinan el ajo con unas gotas de aceite de oliva para suavizar la piel alrededor y evitar irritaciones. Otras prefieren aplicar primero un poco de vaselina alrededor de la verruga para proteger la piel sana y evitar que el ajo cause ardor. Porque sí, es importante decirlo: el ajo puede generar sensación de quemazón si se deja demasiado tiempo o si la piel es sensible.

Otro remedio casero bastante conocido es el vinagre de manzana. Se empapa un algodón con vinagre, se coloca sobre la verruga y se fija con una venda. El ácido acético del vinagre puede ayudar a descomponer el tejido de la verruga con el tiempo. Sin embargo, al igual que el ajo, debe usarse con precaución para no dañar la piel circundante.